Terres de Mestral
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El Pessebre dels Estels

Como tantos otros pueblos pequeños, Castelló vio como se iban vaciando sus casas y, en los años cincuenta del siglo pasado, se cerraron las últimas. Castelló sufrió la acción demoledora del paso del tiempo: casas derruidas, tejados en derrumbe, zarzas devoradoras...

Hoy en día, sin embargo, Castelló se ha convertido en un símbolo de la voluntad de un pueblo de subvertir lo que parecía inevitable: dignificar el pasado, rebelarse contra el olvido y recuperar parte de la memoria de su territorio.

La Asociación Masía de Castelló hace unos años que recupera el pueblo para usos educativos, culturales y lúdicos. En verano, por ejemplo, se celebra un festival de música tradicional, y en invierno se organiza uno de los pesebres vivientes más destacados de Catalunya. Aunque se reproducen pocas escenas bíblicas, es punto de encuentro de buenos artesanos que conservan las técnicas y la sabiduría ancestral: silleros, cesteros, carpinteros, colchoneros, panaderos, destiladores de aguardiente, tonelero...

De todos modos, es recomendable llegar a Castelló en cualquier época del año. Con un poco de imaginación, es posible viajar a los tiempos en que el pueblo todavía estaba lleno de vida.